Las flores tienen algo emocional y simple a la vez, que transmiten alegría y transforman espacios. Pero los ramos de flores secas tienen algo más. Te enseñan que todo lleva su tiempo, que hay belleza en el proceso, y que la vida sigue.

María, es historiadora de arte. El arte le enseñó que los objetos tienen el poder de transformar espacios, y también siempre le gustó emprender. En ese camino conoció a Cristina y Fernando. Entonces, entre ramos y reflexiones surgió ¿y si abrimos un negocio de flores secas? Cada uno tiene lo suyo: creatividad, organización, practicidad. Nos complementamos, y eso hace que las ideas crezcan.

Así empezó nuestro taller, Cardali.

El nombre de la marca viene del cardo. Parece una hierba mala y tiene espinas, nadie esperaría encontrarla en un arreglo floral. Pero nosotros sí, confiamos en ella. Nos identificamos con eso: no todo el mundo empieza un negocio después de los 50 con una idea tan distinta.

Queremos espacios únicos con arreglos florales originales. Todas nuestras piezas son de diseño porque no solo hacemos los ramos a medida, también recorremos los mejores mercados de antigüedades para elegir piezas que nos hablen, que tengan vida propia.

En Cardali creemos que todos los lugares son más bonitos si los llenas de arreglos florales y entusiasmo, y que no hay edad para nuevos sueños. A los 50 años mucha gente cierra ciclos, nosotros abrimos un negocio.